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jueves, 11 de julio de 2013

San Fermin

San Fermín sexista

Una joven a hombros, sobada durante el chupinazo de San Fermín. | Reuters

Seguro que muchos de ustedes han visto esas fotografías que se ofrecen como representativas de las fiestas de San Fermín. Nos acompañan desde hace algunos años y responden al patrón básico de una chica encaramada a los hombros de un chico que se ha desprendido de una parte o la totalidad de la ropa que cubre la parte supuerior del cuerpo, mientras decenas de manos se elevan a tocar lo que se pueda.
Hay dos reacciones posibles que han dado mucho que hablar estos días en las redes sociales. La primera es entender que se trata de una acción consentida y argumentar que la protagonista es la primera que se lo está pasando estupendamente. ¿Qué otro motivo puede tener alguien para quitarse la camiseta en la Plaza del Ayuntamiento, abarrotada? Ser sobada es una acción consentida y si no que no se hubiera quitado la ropa. Sin duda es una posición que defienden quienes piensan que si una mujer se quita la ropa, todos los varones cercanos están automáticamente autorizados a "pillar". Alguna de mis abuelas, quizá las dos, hubieran añadido aquello de que la que no se sabe guardar, ya sabe a lo que se arriesga.
La segunda es ver una agresión sexual. Porque ni estar en la plaza, ni haber bebido, ni participar del momento de histeria colectiva, ni quitarse la ropa es una invitación para el sobe, y mucho menos el sobe colectivo.
No nos parece una agresión porque a mucha gente le hace gracia, y da la sensación de que las protagonistas no se pueden quejar y desde luego resulta casi imposible responder a la agresión una vez se da por supuesto que quitarse la ropa, cosa que se jalea, es una invitación a ser manoseada. Si no quiere que no lo haga. Pero a veces no hace falta hacer nada, basta con estar allí. Y esto fue en parte lo que le pasó a la reportera de la televisión pública, enviada especial en la Plaza del Ayuntamiento, que tras ser regada, empujada, zarandeada, como muestra del buen rollo, imperante, fue morreada en directo por un gracioso voluntario que pasaba por allí, e inmediatamente acusada de provocación por parte de los compañeros de conexión cómodamente instalados en el set de grabación y por lo tanto no sospechosos de ser sujetos provocantes.
Otra joven, durante el chupinazo. | Foto: Reuters
Otra joven, durante el chupinazo. | Foto: Reuters


Eso mismo es lo que deben pensar en otra famosa Plaza, a miles de kilómetros de distancia. Los apostados en la Plaza Tahrir deben pensar que la que no quiera ser violada, que no entre en la plaza, por muy reportera que sea.

Hay agresiones sexuales durante San Fermín y hay organizaciones de mujeres que intentan prevenirlas, denunciarlas y apoyar a las víctimas. Los colectivos Plataforma de Mujeres contra la Violencia Sexista y Gora Iruñea!, así lo han denunciado. Ofrecen un teléfono de apoyo a las víctimas y proponen una serie de puntos para prevenir agresiones en el futuro. Quieren evitar que este tipo de imágenes sean consideradas como ejemplo de buen rollo y representativas de estas fiesta cuando en realidad lo que hacen es ofrecer una imagen de las mujeres que no sólo está interesadamente distorsionada sino que dificulta que puedan participar con tranquilidad de la fiesta.
El otro día leí una noticia de un hombre que fue detenido cubierto de excrementos por intentar espiar a mujeres en un baño público desde dentro de una fosa séptica. Los de la Plaza del Ayuntamiento sólo están cubiertos de vino, pero para el caso, de mierda hasta las cejas. Eso no es buen rollo, se lo aseguro.

189 » Comentarios ¿Quieres comentar? Entra o regístrate

manfru 11.jul.2013 | 15:48

#189

Ya termino, la pena es que San Fermín se haya convertido en esto, igual que es una pena que El Arenal se haya convertido en lo que se ha convertido. Por lo que he visto ahora San Fermín es una especie de bacanal consentida por todo el mundo, por lo tanto, yo aconsejaría a la gente de bien, no ir, tanto mujeres como hombres. En realidad, lo que se tendría que hacer es controlar la fiesta, y a esas chicas detenerlas, y a los chicos que hagan el cabestro lo mismo, hasta que la fiesta volviera a ser lo que fue. De momento si alguien va y le atacan (sea hombre o mujer) parece que es como si vas a un club de carretera y pretendes que no te tomen por prostituta (mujer) o cliente (hombre), ni aunque vayas de monja, se pensarán que es parte del juego erótico.

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